lunes, 17 de febrero de 2014

Mons. Saúl Figueroa y Jóvenes de la Diócesis celebraron Jornada Nacional de la Juventud con caminata



Créditos: Roger Ugarte
Fotos: Ana Avendaño y Robinson Leal

Parroquia Fàtima presente en la jornada del 15 02 2014

En el marco de la celebración de la jornada nacional de la juventud, la pastoral juvenil de la diócesis de Puerto Cabello y Mora en compañía de su Obispo Monseñor Saúl Figueroa Albornoz realizó caminata en la ciudad cordial, que partió desde el estadio Independencia hasta el fortín Solano.

“Es una actividad que se celebra desde hace muchos años, alrededor del 12 de febrero, este año tiene la característica de ser un año jubilar, por ser los doscientos años de la Batalla de la Victoria” nos mencionó el obispo de la ciudad.
Obispo de Puerto Cabello Mons. Saúl Figueroa se dirige a los jóvenes
Monseñor Saul Figueroa da inicio a la Caminata
 Mons. Saúl Figueroa aprovechó la oportunidad para hacerles un llamado a los jóvenes a que no sigan viviendo en la ambigüedad y el desorden, que por el contrario se vacunen contra el odio y se decidan por el amor “como juventud tenemos que elegir, no podemos estar con ambigüedades, decidamos por el amor” acotó monseñor.

La actividad juvenil contó con la participación de cientos de jóvenes provenientes de distintas parroquias de la diócesis de Puerto Cabello y Mora, quienes entre cantos y alabanzas caminaron con mucha alegría, dando pues testimonio de un Dios que es amigo de los jóvenes.
Padre Wolfang Ramírez organizador del encuentro con grupo de asistentes


Por otra parte el Padre Wolfang coordinador diocesano de la Pastoral Juvenil dejó claro el fin de dicha actividad, que no es más que el acercamiento de los jóvenes a Cristo “esta actividad tiene como principal fin acercar a los jóvenes mas a Jesucristo. Ya el Papa nos dice joven sal a la calle a evangelizar a compartir tu fe, a ser callejero de la fe”… “por eso hemos subido hoy aquí, a través de una caminata, testimoniando el día de la juventud, el jubileo de los jóvenes”  indicó el padre Wolfang organizador de dicha actividad, quien además dijo sentirse contento por la receptividad de los jóvenes de la diócesis.
Jesùs Daniel López de la parroquia Sto Cristo de la Salud (Borburata)

Para finalizar el joven Jesús Daniel López perteneciente a la parroquia del Santo Cristo de la Salud, hizo un llamado a todos los jóvenes de la ciudad a evangelizar y proclamar la fe “tenemos que ir a las periferias a los barrios, a las plazas a las escuelas donde lamentablemente el evangelio no ha llegado en plenitud”

“Sin la paciencia no se crece”, el Papa este lunes en Santa Marta


Papa Francisco


.- “La paciencia no es resignación, es otra cosa”: el Papa comentó la carta de Santiago donde está escrito: “alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas”. “Parece una invitación a volverse faquir” – observó – pero no es así. La paciencia, soportar las pruebas, “las cosas que nosotros no queremos”, hace “madurar nuestra vida. Quien no tiene paciencia quiere todo de inmediato, todo de prisa. Quien no conoce esta sabiduría de la paciencia – subrayó el Santo Padre - es una persona caprichosa, como los niños que son caprichosos” y ninguna cosa les está bien. “La persona que no tiene paciencia – explicó - es una persona que no crece, que se queda en los caprichos del niño, que no sabe tomar la vida como viene: o esto o nada. Ésta es una de las tentaciones: volverse caprichosos”. “Otra tentación de aquellos que no tienen paciencia – afirmó el Pontífice - es la omnipotencia” de querer de inmediato una cosa, como sucedió a los fariseos que piden a Jesús un signo del cielo: “querían un espectáculo, un milagro”:

“Confunden el modo de actuar de Dios con el modo de actuar de un brujo. Y Dios no actúa como un brujo, Dios tiene su modo de ir adelante. La paciencia de Dios. También Él tiene paciencia. Cada vez que nos dirigimos al sacramento de la reconciliación, ¡cantamos un himno a la paciencia de Dios! Con cuánta paciencia el Señor nos lleva sobre su espalda, ¡con cuánta paciencia! La vida cristiana debe desenvolverse sobre esta música de la paciencia, porque es precisamente la música de nuestros padres, del pueblo de Dios, de aquellos que han creído en la Palabra de Dios, que han seguido el mandamiento que el Señor había dado a nuestro padre Abraham: ‘Camina delante de mí y se irreprensible’”.

El pueblo de Dios – constató el Obispo de Roma citando la Carta a los Hebreos – “ha sufrido tanto, han sido perseguidos, asesinados”, pero tuvo “la alegría de saludar desde lejos las promesas” de Dios. “Ésta es la paciencia” que “nosotros debemos tener en las pruebas: la paciencia de una persona adulta, la paciencia de Dios” que nos lleva sobre la espalda. Y ésta – prosiguió - es “la paciencia de nuestro pueblo”:  
“¡Cuán paciente es nuestro pueblo! ¡Aún hoy! Cuando vamos a las parroquias y encontramos a aquellas personas que sufren, que tienen problemas, que tienen un hijo minusválido o tienen una enfermedad, pero llevan adelante la vida con paciencia. No piden signos, como aquellos del Evangelio, que pretendían una señal. Decían: ‘¡Danos un signo!’. No, no piden, pero saben leer los signos de los tiempos: saben que cuando el higo florece, llega la primavera; saben distinguir aquello. En cambio, estos impacientes del Evangelio de hoy, que querían una señal, no sabían leer los signos de los tiempos, y por eso no reconocieron a Jesús”. 

Francisco finalizó su homilía alabando a la “gente de nuestro pueblo, gente que sufre, que sufre tantas, tantas cosas, pero que no pierde la sonrisa de la fe, que tiene la alegría de la fe”:
“Y esta gente, nuestro pueblo, en nuestras parroquias, en nuestras instituciones - tanta gente – es aquella que lleva adelante a la Iglesia, con su santidad, de todos los días, de cada día. ‘Hermanos, alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas, sabiendo que la fe, al ser probada, produce la paciencia. Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada.’ (Sant 1, 2-4). Que el Señor nos dé a todos nosotros la paciencia, la paciencia alegre, la paciencia del trabajo, de la paz, nos de la paciencia de Dios, ésa que Él tiene, y nos de la paciencia de nuestro pueblo fiel, que es tan ejemplar”. (RC-RV)
FUENTE: http://www.news.va/es/news/sin-la-paciencia-no-se-crece-el-papa-este-lunes-en

jueves, 13 de febrero de 2014

El Papa exhorta a los obispos de Bulgaria a emprender el camino misionero de Iglesia en una sociedad marcada por el vacío de los años de régimen ateo



Papa Francisco
Al término de la visita ad limina apostolorum de los obispos de Bulgaria, el Papa Francisco les dirigió esta mañana un discurso dándoles las gracias y destacando la iniciativa coral que las distintas comunidades católicas del país están demostrando en los últimos tiempos. Un despertar y una vitalidad tanto de las comunidades pertenecientes a la Iglesia latina como a la iglesia greco-católica. Aún siendo, en términos numéricos, una minoría en el país, el Papa observó que “llevan adelante su misión de testimonio y compromiso de los valores morales naturales, y del Evangelio de Cristo, en una sociedad marcada por muchos vacíos espirituales que dejó el anterior régimen ateo o recepción acrítica de modelos culturales de un materialismo práctico”. 

El Santo Padre exhortó a los prelados búlgaros “a caminar con confianza por este camino, tratando de poner en práctica también en su país aquella transformación misionera que la Iglesia está llamada a realizar en el mundo. Esto requiere una conversión espiritual y pastoral, que parte de la constatación de que, en virtud del bautismo, todos somos discípulos misioneros, enviados por el Señor a predicar el Evangelio con alegría y espíritu, dando valor también al precioso tesoro de la piedad popular”. 

Este renovado compromiso misionero subrayó Francisco también tiene una dimensión social, que tiene como punto de referencia la doctrina social de la Iglesia y cuyas prioridades son la inclusión social de los pobres y el compromiso con el bien común y la paz social. 

Y el Pontífice resaltó que es muy significativo a este respecto que las instituciones civiles reconozcan hoy el papel de la Santa Sede como una autoridad espiritual y moral en el seno de la comunidad internacional y valoren de una manera positiva la presencia de la Iglesia católica en el contexto de la nación búlgara contribuyendo en el servicio y el bien común del país.

“Que los numerosos testimonios de valiente fidelidad a Cristo y a la Iglesia en períodos dramáticos y el camino recorrido en estas dos décadas de recuperada libertad -terminó diciendo el Papa Francisco al episcopado de Bulgaria- les llenen de gratitud al Señor y les inspiren confianza en su acción providencial en la historia".  Al mismo tiempo el Papa instó a los obispos a un compromiso renovado y unido a la formación de los fieles, para promover una adecuada catequesis, así como una atención especial hacia la pastoral juvenil y vocacional, y la fraternidad sacerdotal, para que se favorezcan las condiciones para la maduración de la fe y para una generosa apertura a un horizonte misionero.


Fuente: http://www.news.va/es

"Todos somos pecadores. Y si uno no se siente pecador es mejor que no vaya a Misa," Papa Francisco

El Papa Francisco nos dice en su audiencia general del 12 de febrero de 2014: "Todos somos pecadores. Y si uno no se siente pecador es mejor que no vaya a Misa,".

Reflexiones del Papa Francisco en Audiencia General del 12 de Febrero de 2014
Le traemos el texto completo para reflexionarlo.

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 12 de febrero de 2014

Queridos hermanos y hermanas:
Nos preguntamos qué relación tiene la Eucaristía con nuestra vida. Hay algunos indicadores concretos que nos ayudan en este sentido. 

Si vivimos bien la Eucaristía un indicador es: ¿Cómo nos relacionamos con los demás? A Jesús le gustaba estar con la gente, compartir sus anhelos, los problemas y preocupaciones. En la Santa Misa nos encontramos con muchas personas, pero ¿las vemos en verdad como hermanos y hermanas? ¿La Eucaristía nos lleva a salir al encuentro de los pobres, de los enfermos, de los marginados, viendo en ellos el rostro de Jesús? O más bien cuando salimos de Misa criticamos a uno, al otro, de cómo estaba vestido, de esto o aquello.

Un segundo indicador es sentirnos perdonados e impulsados a perdonar. Quien celebra la Eucaristía no lo hace porque sea mejor que los demás. Todos somos pecadores. Y si uno no se siente pecador es mejor que no vaya a Misa, porque el primer acto que hacemos cuando entramos a Misa es decir confieso que soy pecador y pedir perdón por los pecados. Si no lo siente no va a vivir  bien la Eucaristía.

Y un último indicador es la coherencia entre la liturgia y la vida de nuestras comunidades. La Eucaristía no es un mero recuerdo de algunos dichos de Jesús. Es la obra y el don de Cristo presente allí que sale a nuestro encuentro y nos alimenta con su Palabra y con su vida.


Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los miembros de la Hermandad matriz de Nuestra Señora del Rocío, acompañados por el Obispo de Huelva, así como a los demás grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a vivir la Eucaristía con espíritu de fe y de oración, sabiendo que quien come el Cuerpo de Cristo y bebe su Sangre tendrá la vida eterna. Muchas gracias.

  © Copyright - Libreria Editrice Vaticana

Fuente: http://www.vatican.va

jueves, 6 de febrero de 2014

Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXIX Jornada Mundial de la Juventud 2014


«Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos» (
Mt 5,3)

Queridos jóvenes:
Tengo grabado en mi memoria el extraordinario encuentro que vivimos en Río de Janeiro, en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. ¡Fue una gran fiesta de la fe y de la fraternidad! La buena gente brasileña nos acogió con los brazos abiertos, como la imagen de Cristo Redentor que desde lo alto del Corcovado domina el magnífico panorama de la playa de Copacabana. A orillas del mar, Jesús renovó su llamada a cada uno de nosotros para que nos convirtamos en sus discípulos misioneros, lo descubramos como el tesoro más precioso de nuestra vida y compartamos esta riqueza con los demás, los que están cerca y los que están lejos, hasta las extremas periferias geográficas y existenciales de nuestro tiempo.

La próxima etapa de la peregrinación intercontinental de los jóvenes será Cracovia, en 2016. Para marcar nuestro camino, quisiera reflexionar con vosotros en los próximos tres años sobre las Bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de San Mateo (5,1-12). Este año comenzaremos meditando la primera de ellas: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3); el año 2015: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8); y por último, en el año 2016 el tema será: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).

1. La fuerza revolucionaria de las Bienaventuranzas

Siempre nos hace bien leer y meditar las Bienaventuranzas. Jesús las proclamó en su primera gran predicación, a orillas del lago de Galilea. Había un gentío tan grande, que subió a un monte para enseñar a sus discípulos; por eso, esa predicación se llama el “sermón de la montaña”. En la Biblia, el monte es el lugar donde Dios se revela, y Jesús, predicando desde el monte, se presenta como maestro divino, como un nuevo Moisés. Y ¿qué enseña? Jesús enseña el camino de la vida, el camino que Él mismo recorre, es más, que Él mismo es, y lo propone como camino para la verdadera felicidad. En toda su vida, desde el nacimiento en la gruta de Belén hasta la muerte en la cruz y la resurrección, Jesús encarnó las Bienaventuranzas. Todas las promesas del Reino de Dios se han cumplido en Él.

Al proclamar las Bienaventuranzas, Jesús nos invita a seguirle, a recorrer con Él el camino del amor, el único que lleva a la vida eterna. No es un camino fácil, pero el Señor nos asegura su gracia y nunca nos deja solos. Pobreza, aflicciones, humillaciones, lucha por la justicia, cansancios en la conversión cotidiana, dificultades para vivir la llamada a la santidad, persecuciones y otros muchos desafíos están presentes en nuestra vida. Pero, si abrimos la puerta a Jesús, si dejamos que Él esté en nuestra vida, si compartimos con Él las alegrías y los sufrimientos, experimentaremos una paz y una alegría que sólo Dios, amor infinito, puede dar.
Las Bienaventuranzas de Jesús son portadoras de una novedad revolucionaria, de un modelo de felicidad opuesto al que habitualmente nos comunican los medios de comunicación, la opinión dominante. Para la mentalidad mundana, es un escándalo que Dios haya venido para hacerse uno de nosotros, que haya muerto en una cruz. En la lógica de este mundo, los que Jesús proclama bienaventurados son considerados “perdedores”, débiles. En cambio, son exaltados el éxito a toda costa, el bienestar, la arrogancia del poder, la afirmación de sí mismo en perjuicio de los demás.

Queridos jóvenes, Jesús nos pide que respondamos a su propuesta de vida, que decidamos cuál es el camino que queremos recorrer para llegar a la verdadera alegría. Se trata de un gran desafío para la fe. Jesús no tuvo miedo de preguntar a sus discípulos si querían seguirle de verdad o si preferían irse por otros caminos (cf. Jn 6,67). Y Simón, llamado Pedro, tuvo el valor de contestar: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Si sabéis decir “sí” a Jesús, entonces vuestra vida joven se llenará de significado y será fecunda.

2. El valor de ser felices

Pero, ¿qué significa “bienaventurados” (en griego makarioi)? Bienaventurados quiere decir felices. Decidme: ¿Buscáis de verdad la felicidad? En una época en que tantas apariencias de felicidad nos atraen, corremos el riesgo de contentarnos con poco, de tener una idea de la vida “en pequeño”. ¡Aspirad, en cambio, a cosas grandes! ¡Ensanchad vuestros corazones! Como decía el beato Piergiorgio Frassati: «Vivir sin una fe, sin un patrimonio que defender, y sin sostener, en una lucha continua, la verdad, no es vivir, sino ir tirando. Jamás debemos ir tirando, sino vivir» (Carta a I. Bonini, 27 de febrero de 1925). En el día de la beatificación de Piergiorgio Frassati, el 20 de mayo de 1990, Juan Pablo II lo llamó «hombre de las Bienaventuranzas» (Homilía en la S. Misa: AAS 82 [1990], 1518).

Si de verdad dejáis emerger las aspiraciones más profundas de vuestro corazón, os daréis cuenta de que en vosotros hay un deseo inextinguible de felicidad, y esto os permitirá desenmascarar y rechazar tantas ofertas “a bajo precio” que encontráis a vuestro alrededor. Cuando buscamos el éxito, el placer, el poseer en modo egoísta y los convertimos en ídolos, podemos experimentar también momentos de embriaguez, un falso sentimiento de satisfacción, pero al final nos hacemos esclavos, nunca estamos satisfechos, y sentimos la necesidad de buscar cada vez más. Es muy triste ver a una juventud “harta”, pero débil.

San Juan, al escribir a los jóvenes, decía: «Sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno» (1 Jn 2,14). Los jóvenes que escogen a Jesús son fuertes, se alimentan de su Palabra y no se “atiborran” de otras cosas. Atreveos a ir contracorriente. Sed capaces de buscar la verdadera felicidad. Decid no a la cultura de lo provisional, de la superficialidad y del usar y tirar, que no os considera capaces de asumir responsabilidades y de afrontar los grandes desafíos de la vida.


3. Bienaventurados los pobres de espíritu…

La primera Bienaventuranza, tema de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, declara felices a los pobres de espíritu, porque a ellos pertenece el Reino de los cielos. En un tiempo en el que tantas personas sufren a causa de la crisis económica, poner la pobreza al lado de la felicidad puede parecer algo fuera de lugar. ¿En qué sentido podemos hablar de la pobreza como una bendición?

En primer lugar, intentemos comprender lo que significa «pobres de espíritu». Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, eligió un camino de pobreza, de humillación. Como dice San Pablo en la Carta a los Filipenses: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres» (2,5-7). Jesús es Dios que se despoja de su gloria. Aquí vemos la elección de la pobreza por parte de Dios: siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor 8,9). Es el misterio que contemplamos en el belén, viendo al Hijo de Dios en un pesebre, y después en una cruz, donde la humillación llega hasta el final.

El adjetivo griego ptochós (pobre) no sólo tiene un significado material, sino que quiere decir “mendigo”. Está ligado al concepto judío de anawim, los “pobres de Yahvé”, que evoca humildad, conciencia de los propios límites, de la propia condición existencial de pobreza. Los anawim se fían del Señor, saben que dependen de Él.

Jesús, como entendió perfectamente santa Teresa del Niño Jesús, en su Encarnación se presenta como un mendigo, un necesitado en busca de amor. El Catecismo de la Iglesia Católica habla del hombre como un «mendigo de Dios» (n.º 2559) y nos dice que la oración es el encuentro de la sed de Dios con nuestra sed (n.º 2560).

San Francisco de Asís comprendió muy bien el secreto de la Bienaventuranza de los pobres de espíritu. De hecho, cuando Jesús le habló en la persona del leproso y en el Crucifijo, reconoció la grandeza de Dios y su propia condición de humildad. En la oración, el Poverello pasaba horas preguntando al Señor: «¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo?». Se despojó de una vida acomodada y despreocupada para desposarse con la “Señora Pobreza”, para imitar a Jesús y seguir el Evangelio al pie de la letra. Francisco vivió inseparablemente la imitación de Cristo pobre y el amor a los pobres, como las dos caras de una misma moneda.

Vosotros me podríais preguntar: ¿Cómo podemos hacer que esta pobreza de espíritu se transforme en un estilo de vida, que se refleje concretamente en nuestra existencia? Os contesto con tres puntos.

Ante todo, intentad ser libres en relación con las cosas. El Señor nos llama a un estilo de vida evangélico de sobriedad, a no dejarnos llevar por la cultura del consumo. Se trata de buscar lo esencial, de aprender a despojarse de tantas cosas superfluas que nos ahogan. Desprendámonos de la codicia del tener, del dinero idolatrado y después derrochado. Pongamos a Jesús en primer lugar. Él nos puede liberar de las idolatrías que nos convierten en esclavos. ¡Fiaros de Dios, queridos jóvenes! Él nos conoce, nos ama y jamás se olvida de nosotros. Así como cuida de los lirios del campo (cfr. Mt 6,28), no permitirá que nos falte nada. También para superar la crisis económica hay que estar dispuestos a cambiar de estilo de vida, a evitar tanto derroche. Igual que se necesita valor para ser felices, también es necesario el valor para ser sobrios.

En segundo lugar, para vivir esta Bienaventuranza necesitamos la conversión en relación a los pobres. Tenemos que preocuparnos de ellos, ser sensibles a sus necesidades espirituales y materiales. A vosotros, jóvenes, os encomiendo en modo particular la tarea de volver a poner en el centro de la cultura humana la solidaridad. Ante las viejas y nuevas formas de pobreza –el desempleo, la emigración, los diversos tipos de dependencias–, tenemos el deber de estar atentos y vigilantes, venciendo la tentación de la indiferencia. Pensemos también en los que no se sienten amados, que no tienen esperanza en el futuro, que renuncian a comprometerse en la vida porque están desanimados, desilusionados, acobardados. Tenemos que aprender a estar con los pobres. No nos llenemos la boca con hermosas palabras sobre los pobres. Acerquémonos a ellos, mirémosles a los ojos, escuchémosles. Los pobres son para nosotros una ocasión concreta de encontrar al mismo Cristo, de tocar su carne que sufre.

Pero los pobres –y este es el tercer punto– no sólo son personas a las que les podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos. ¡Tenemos tanto que aprender de la sabiduría de los pobres! Un santo del siglo XVIII, Benito José Labre, que dormía en las calles de Roma y vivía de las limosnas de la gente, se convirtió en consejero espiritual de muchas personas, entre las que figuraban nobles y prelados. En cierto sentido, los pobres son para nosotros como maestros. Nos enseñan que una persona no es valiosa por lo que posee, por lo que tiene en su cuenta en el banco. Un pobre, una persona que no tiene bienes materiales, mantiene siempre su dignidad. Los pobres pueden enseñarnos mucho, también sobre la humildad y la confianza en Dios. En la parábola del fariseo y el publicano (cf. Lc 18,9-14), Jesús presenta a este último como modelo porque es humilde y se considera pecador. También la viuda que echa dos pequeñas monedas en el tesoro del templo es un ejemplo de la generosidad de quien, aun teniendo poco o nada, da todo (cf. Lc 21,1-4).

4. … porque de ellos es el Reino de los cielos

El tema central en el Evangelio de Jesús es el Reino de Dios. Jesús es el Reino de Dios en persona, es el Enmanuel, Dios-con-nosotros. Es en el corazón del hombre donde el Reino, el señorío de Dios, se establece y crece. El Reino es al mismo tiempo don y promesa. Ya se nos ha dado en Jesús, pero aún debe cumplirse en plenitud. Por ello pedimos cada día al Padre: «Venga a nosotros tu reino».
Hay un profundo vínculo entre pobreza y evangelización, entre el tema de la pasada Jornada Mundial de la Juventud –«Id y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28,19)– y el de este año: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3). El Señor quiere una Iglesia pobre que evangelice a los pobres. Cuando Jesús envió a los Doce, les dijo: «No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino; ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento» (Mt 10,9-10). La pobreza evangélica es una condición fundamental para que el Reino de Dios se difunda. Las alegrías más hermosas y espontáneas que he visto en el transcurso de mi vida son las de personas pobres, que tienen poco a que aferrarse. La evangelización, en nuestro tiempo, sólo será posible por medio del contagio de la alegría.

Como hemos visto, la Bienaventuranza de los pobres de espíritu orienta nuestra relación con Dios, con los bienes materiales y con los pobres. Ante el ejemplo y las palabras de Jesús, nos damos cuenta de cuánta necesidad tenemos de conversión, de hacer que la lógica del ser más prevalezca sobre la del tener más. Los santos son los que más nos pueden ayudar a entender el significado profundo de las Bienaventuranzas. La canonización de Juan Pablo II el segundo Domingo de Pascua es, en este sentido, un acontecimiento que llena nuestro corazón de alegría. Él será el gran patrono de las JMJ, de las que fue iniciador y promotor. En la comunión de los santos seguirá siendo para todos vosotros un padre y un amigo.

El próximo mes de abril es también el trigésimo aniversario de la entrega de la Cruz del Jubileo de la Redención a los jóvenes. Precisamente a partir de ese acto simbólico de Juan Pablo II comenzó la gran peregrinación juvenil que, desde entonces, continúa a través de los cinco continentes. Muchos recuerdan las palabras con las que el Papa, el Domingo de Pascua de 1984, acompañó su gesto: «Queridos jóvenes, al clausurar el Año Santo, os confío el signo de este Año Jubilar: ¡la Cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención».

Queridos jóvenes, el Magnificat, el cántico de María, pobre de espíritu, es también el canto de quien vive las Bienaventuranzas. La alegría del Evangelio brota de un corazón pobre, que sabe regocijarse y maravillarse por las obras de Dios, como el corazón de la Virgen, a quien todas las generaciones llaman “dichosa” (cf. Lc 1,48). Que Ella, la madre de los pobres y la estrella de la nueva evangelización, nos ayude a vivir el Evangelio, a encarnar las Bienaventuranzas en nuestra vida, a atrevernos a ser felices.

Vaticano, 21 de enero de 2014, Memoria de Santa Inés, Virgen y Mártir
FRANCISCO

Funte: http://www.vatican.va



domingo, 2 de febrero de 2014

HOMILIA DE MONS. SAUL FIGUEROA - CLAUSURA DE VISITA PASTORAL

El Obispo de nuestra diócesis Mons. Saúl Figueroa Albornoz, presidió la Eucaristía del domingo 02 de febrero de 2014 en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima y nos regaló una homilía llena de detalles y enseñanzas. Puedes escucharla en el siguiente enlace

Homilía Mons. Saul Figueroa domingo 02-02-2014

MONS. SAUL FIGUEROA ALBORNOZ FINALIZA VISITA PASTORAL EN LA PARROQUIA

Créditos: Roger Ugarte
Fotos: Roger Ugarte
 
Mons. Saúl Figueroa oficia Misa de clausura Visita Pastoral en Parroquia Nuestra Señora de Fátima

En el marco de la celebración de la fiesta de la Presentación del Señor en la capilla María Auxiliadora de la Urbanización la Belisa, Monseñor Saúl Figueroa Albornoz con gran alegría dió por finalizada la visita pastoral a la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.

La celebración litúrgica contó con la participación de una gran cantidad de fieles que tuvieron la oportunidad de acompañar al obispo de Puerto Cabello y Mora en la programación de la visita pastoral a la parroquia y sus diferentes comunidades.

Mons. Saúl Figueroa en su homilía indicó que la fiesta de la Presentación del Señor es una celebración especial y muy popular, que para muchos es la conclusión de la navidad, “Hoy es como una prolongación de la navidad, algunos llaman esta fiesta de hoy la pequeña navidad, eso tiene su explicación porque hoy hace cuarenta días celebramos el nacimiento de Dios” mencionó.

Gran cantidad de fieles asistieron atentos a la Eucaristía
El obispo de la ciudad también comentó que esta fecha tiene su importancia en el encuentro de los hombres con Jesús, ese salvador que es la luz “reconocemos que Jesucristo es la Luz del mundo, hoy de cierta manera es como un preámbulo, un preludio de lo que va a ocurrir la noche santa de pascua donde Cristo después de resucitado lo vamos a presentar como Luz en el cirio pascual” indicó.

A propósito de su visita Monseñor dijo sentirse contento con la experiencia pero que hubiese querido estar más tiempo ya que faltó por visitar algunos colegios y entes que hacen vida en la comunidad, “yo me siento muy complacido de haber estado estos días aquí con ustedes, nos faltó tiempo yo hubiera querido estar un día o dos días mas para poder completar la visita”.

Con gran gozo la feligresía compartió con Mons. Saúl Figueroa

El prelado que estuvo haciendo hincapié en los pilares fundamentales de la diócesis  pudo darnos una breve apreciación de lo que dejó su visita a la parroquia de Nuestra Señora de Fátima “La parroquia tiene bastantes logros, tiene cosas muy buenas pero si tiene que profundizar mucho sobre el tema misionero, hay que tener una expansión hacia los sectores, hacia las personas, hacia las instituciones, los niños y los jóvenes, hay que llamarlos”,  indicó también que en base a los datos adquiridos y la conversación con el párroco Jaime Pereira, tendrá luego que afinar para dar una conclusión.

Celebración de la Presentación de Nuestro Señor "Luz del mundo"


Por su parte la Señora Rosa de Guanipa integrante activa de la parroquia y fiel colaboradora, enfatizó que la visita del obispo fue “emocionante” y dijo que la participación de las personas con relación a la estadía de monseñor fue muy buena, “todo fue maravilloso y ojalá que siempre pudiese estar allí en compañía de nosotros, en los momentos especiales”,  aprovechó también para darle gracias al padre Jaime por ser un pilar de esta comunidad.
La Sra. Rosa de Guanipa expresó su agrado con la visita pastoral de Mons. Saúl Figueroa.  


Por otro lado la señora Rosa de Serrano quien es participante de la comunidad parroquial desde sus inicios, dejó claro que esta visita de Monseñor fue muy bien organizada dejando a los fieles de la comunidad felices y satisfechos, “es un pastor que atrae a sus ovejas, conduce a sus ovejas y para mi apreciación monseñor lo ha hecho muy bien” mencionó Rosa de Serrano.

"Monseñor lo ha hecho muy bien" comentaba la Sra. Rosa de Serrano

Ya para finalizar el padre Jaime Pereira párroco de la comunidad de Nuestra Señora de Fátima, hizo alusión que a través de esta visita se pudo acceder a espacios que el todavía no había podido entrar como es el caso de la policía de Carabobo y SEBIN, haciendo también referencia al reto misionero que presenta la parroquia, “lo primero ahora es reunir las fuerzas vivas de la parroquia y pasada la visita pastoral tengo que sentarme a diseñar un plan estratégico, luego convocar a los que hacen vida aquí, contar con los que están y ver cómo puedo engranar un trabajo que sea efectivo” reiteró que aunque no se llevó acabo todas las visitas a los entes en su mayoría se cumplió con el programa establecido.